Mi madre le cocinó un souflle pie Bleu de zugarramurdi.

Cuando desperté mi vecina de Zugarramurdi no estaba allí.

Papá, mamá y mi hermana estábamos en nuestro hogar.

Mi mamá hacía puchero y se oía su cantar.

Mi papá le decía: “cariño canta bajo que los inquisidores tienen oído fino”.

Sabes quién son porque visten de hábito blanco y capa negra.

Las gallinas asustadas corren hacia mis faldas.

El gallo canta y canta y canta con voz deliciosa; canta como Freddy,

ha escuchado Bohemian Rhapsody,

se sube a lo alto, a lo más alto de nuestro casón (y nos avisa con códigos musicales secretos):

Chivato, discrimina, humilla, que saca de su maletín el látigo, el manual de hacer mal, el manual de no escuchar, de llevar como único objetivo ser dominador de su mundo y del que lo rodea.

El no tiene cultura ni de compostura ni de gastronomía.

Sólo sabe de teología.

Mi madre como estudió en Le cordon Bleu

le cocinó un souflle de pie Bleu

y este detective inculto se fué corriendo (leches) a seguro,

de nuestro mundo como un corremundos.

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No a las injusticias de antes y de hoy.