¿Erótico bollito o erótica panadera-dependienta?

El pasado sábado fui a comprar un pan con masa madre; de los de toda la vida, a una panadería- pastelería. Delante de mí estaba una señora mayor eligiendo unos pastelitos decorados con crema y fruta de naranja, manzana, y fresón; uf, Qué pinta tenían!

También estaba delante de mí otro cliente, un ciclista esbelto, alto, muy bien equipado con su casco y todo, que estaba esperando su turno, cuando sale otra dependienta al mostrador y dice éste; “quiero dos barras de pan integrales y de cereales”, en ese mismo momento el ciclista saca de su mochila un plátano, lo abre hasta la mitad y le da un buen bocado. La dependienta-panadera (muy vivaracha, símpatica y ya veréis más aspectos) le dice:

“¿Le gustaría acompañar el plátano con un bollito?

Yo estaba detrás del ciclista, y no pude ver su cara. Pero hubo unos segundos de silencio. La señora mayor, dice antes de irse; “no querrá por no engordar”. Nadie siguió esta conversación. Se fué la señora de los pastelitos, y nos quedamos las dos dependientas-panaderas, el ciclista , una amiga de las dependientas que estaba sentada en un taburete detrás del ciclista, y yo.

La dependienta volvió a insistir(con cara sonriente):

“¿Quizás, Ud. quiera acompañar el plátano con un bollito?

El ciclista respondió; “no”; simplemente. Pagó y se fue sin decir nada más.

Las dependienta (del bollito) me dice a mí, (con confianza, pues soy habitual de la panadería); ¿Qué quieres?, yo respondo; “dos barras de pan y dos bolsas de magdalenas”.

La joven dependienta le dice a su compañera:

“¿Qué estarías pensando con lo del plátano?

Todas nos miramos y sonreímos pícaramente. Y digo yo; “¡Pues en el plátano de canarias!”.

Y la dependienta (del bollito) dice:

“¡Pues no en el plátano de canarias no, que es muy pequeño!

Y entonces las cuatro mujeres que estábamos allí, nos echamos a reír a carcajadas.

La dependienta (del bollito) respondió “¡Qué malas!”.

Las dos dependientas y la amiga de una de ellas (bueno de las dos) se quedaron riendo en la panadería y yo me marche sonriendo también. Y con una anécdota que le conté inmediatamente a mi marido. (¡Bueno bueno bueno, no os quiero ni contar como acabó todo!).

 

sw235.jpg

 

 

 

La bodega de mis ilusiones.

Un día cualquiera, fui con un compañero a un taberna de vinos.

Él me recomendó un vino dulce; lo miramos, lo removimos, lo olimos y sonreímos.

Compartió desde la amistad y con el corazón en la garganta, su pena. Todo empezó con el proyecto que él y su mujer propusieron a un arquitecto; una bodega de vinos.

Él dice;”el destino quiso que los dos amantes sin ningún pudor me quitaran todas mis ilusiones”.

Mi compañero bebió el último sorbo y dijo:
“Ahora me queda un regusto amargo en la boca”.

Yo le digo;”por el vino no, además ahora te queda la cultura del vino y yo”.