Fluyen mis pensamientoshacia mi destino.

Los ojos tengo cerrados,

estoy mirando, imaginando, viajando navegando o quizás al final de la senda, escalando.

Ya es hora de partir,

de hacer el camino,

decidiré el camino a seguir,

sí ya sé la ruta del lino, que no del Nilo.

Te voy a enseñar hijo mío olores primarios

que yo recuerdo desde mi niñez,

el olor a nardo que me ha embriagado

hasta ahora en mi madurez

de sensaciones y emociones reconfortantes para mi ser.

Yo te doy de mamar, y con esta infusión de este arbol del amor, aún más te alimentará,

lo tengo cerca de este río Tajo que tan largo es, y que llegaremos a ver laflor del almendro tal vez,

luego embarcaremos hasta el continente de los que pueblan el Nepal y China,

sí, nos ayudarán los sherpas que mi abuelo conoció alos abuelos de éstos,

pues tan bien se portó, los ayudó, los curó de sus dolencias, escuchándoles y charlando en torno

a un fuego el fuego del amor,

pues no hay mayor vínculo que ese sentimiento,

y mayor satisfacción, amar y ser amado,

como madre e hijo nos amamos y nos susurramos por la noche; te quiero, te quiero y te quiero.

Te regalaré un perfume de nardos y te contaré lo valioso que es y que fué para nuestros

antepasados,

pues qué bonito es aprender historia, las historias que estos sherpas mayores, ancianos ya,

nos enseñan desde la razón y el corazón,

pues tienen una paz y una calma

que también es un regalo, el mejor creo yo.

Estoy dejando fluir mis libres y reales pensamientos.

María.

¡Te he tenido que pellizcar!; me dices.

Relatándome estos cuentos que me transportan en la góndola del voluptuoso balanceo.

Quiero soñar despierta y deleitarme mirando en tus ojos el mar color turquesa.

Que disfrutaremos de aventuras, que nuestros ojos tendrán mucho que admirar, que nos guiará el Maestro Leonardo.

Pasearemos por caminos de delicadas fragancias de peonias y elegantes lirios.

Hablándome en español en francés en italiano nos transportaremos al siglo de las luces y las sombras, me instruiré con Voltaire y Mozart.

Y terminaré las clases de filosofía con mi querido libre y voluptuoso Giacomo que me galanteará con un poema en soneto y bailaremos al compás de la música barroca.

Luego les ofreceremos un ágape de vinos espirituosos y de viandas a la típica usanza.

Agradeceremos su grata compañía.

Yo les diré: Hasta otra ocasión, ha sido todo un placer y es de agradecer.

 

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