Sandra preciosa, quizás tengas dicha, quizás veas una nueva luna.

Sandra te veo mirando el cielo, ¿Qué anhelas?

Sandra dice, ¡A ver si veo la nueva luna!

La dicha me espera, quizás, me han dicho.

Una llama en mi corazón siento,

compañía afín,

olor que recuerda mi ser.

Suspiro,

sueño.

Sueño con caricias,

sueño con juegos,

sonrisas y risas que me hacen ver brillantes estrellas, a lo lejos.

Ellas han parpadeado,

me están hablando,

y escucho en silencio,

hay árboles inmensos,

con brazos para agarrarte a ellos.

Escucho voces, las recuerdo en silencio,

son voces amigas,

un lenguaje secreto,

nadie me lo ha enseñado,

pero lo recuerdo.

Ya sé lo que voy hacer,

le diré a éste enorme cuidador,

que aunque me lava muy bien el pelo,

no me importa que se me enrede en ese paraíso.

Eso es lo que realmente anhelo.

 

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María.

 

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