La bodega de mis ilusiones.

Un día cualquiera, fui con un compañero a un taberna de vinos.

Él me recomendó un vino dulce; lo miramos, lo removimos, lo olimos y sonreímos.

Compartió desde la amistad y con el corazón en la garganta, su pena. Todo empezó con el proyecto que él y su mujer propusieron a un arquitecto; una bodega de vinos.

Él dice;»el destino quiso que los dos amantes sin ningún pudor me quitaran todas mis ilusiones».

Mi compañero bebió el último sorbo y dijo:
«Ahora me queda un regusto amargo en la boca».

Yo le digo;»por el vino no, además ahora te queda la cultura del vino y yo».