Dunas intactas.

Improvisamos una excursión a la playa, no muy lejos de casa, aunque sí que era una caminata.

Sólo cargábamos con una mochila con lo necesario para pernoctar en un rinconcito.

Todavía me estoy despertando, al alba, a la luz de la luna,

estoy recordando los bonitos sueños de esta noche,

disfrutando con mi chica,

de unos momentos inolvidables,

de placenteros masajes, de cómo mis manos se deslizaban suavemente, como si me resbalase por intactas dunas en la noche, ella respondía con aterciopeladas y decididas manos, recorriendo los caminos sin prisa y haciendo paradas recurrentes, mis brazos la arropaban y ella sorbía rápidamente mi calor.

Oh, ¡lo que te gusta mi calor!,

oh, !lo que que me alimenta tú cálida sonrisa!

María.
Preciosas Dunas de Máspalomas.

Sandra preciosa, quizás tengas dicha, quizás veas una nueva luna.

Sandra te veo mirando el cielo, ¿Qué anhelas?

Sandra dice, ¡A ver si veo la nueva luna!

La dicha me espera, quizás, me han dicho.

Una llama en mi corazón siento,

compañía afín,

olor que recuerda mi ser.

Suspiro,

sueño.

Sueño con caricias,

sueño con juegos,

sonrisas y risas que me hacen ver brillantes estrellas, a lo lejos.

Ellas han parpadeado,

me están hablando,

y escucho en silencio,

hay árboles inmensos,

con brazos para agarrarte a ellos.

Escucho voces, las recuerdo en silencio,

son voces amigas,

un lenguaje secreto,

nadie me lo ha enseñado,

pero lo recuerdo.

Ya sé lo que voy hacer,

le diré a éste enorme cuidador,

que aunque me lava muy bien el pelo,

no me importa que se me enrede en ese paraíso.

Eso es lo que realmente anhelo.

 

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María.

 

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