La Década de Diamantes y desayunos.

Me regaló Chanel

Y yo leí a Neruda y en sonata escribí…

El olió a putrefacción

hace 70 años que sucedió

menos mal se firmó el Tratado de Paz, de la Segunda Guerra Mundial.

El muro vió caer

El vió el paisaje más verde aún en Abril o Mayo ,su memoria fotografió

El arcoiris iluminó el muro del horror.

El concierto sonó

y mi piel se enervó

El miró el corsé

y no me ofendí

cuando al cine vi a esa rubia, risueña y picaruela con con escandalosas curvas

que mis manos quisieran tocar,

también vimos a la morena que gustaba ir a Tifanis y diamantes llevar.

Usé rojo carmín

me regaló Chanel y la ropa me quité

y gocé en sabanas de satén imaginándome a ellas con nosotros en el catre

Y en sonata escribí…

 

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Eran las sanadoras del Alma o Lucifer?

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Qué estaba viendo arder, humear?…

Mezcla de olores corporales y olores a hiervas…

Respiré profundamente un sorbo de aire,

sentí de sopetón aquel olor,

mi ser reaccionó

miré, abrí bien los ojos

qué estaba viendo arder

humear un incienso tal vez?

Allí estaban las dos Señoritas Prostitutas que fumando esperaban verme

y sí eran ellas las que emitían esos efluvios,

mezcla de olores corporales, aromas a hiervas;

Mota me llegó a la trompa.

confusión note, cansado y sentía dolor.

Tal vez eran ellas habitantes de un sueño vivido y

el ritual era gozar en un mundo no real…

De improviso percibí dos aterciopelados roces en la mejilla,

no eran Lucifer,

eran las sanadoras del Alma

me habían reconciliado con mi ser, placiendo como un ardiente volcán y acompañándome prestas en mi despertar…

_ “Merci, le dames”

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Ahora sumiso acepto.

Voy detrás de ti,

quiero alcanzarte,

fiera soy y solo me escondo para atraparte

noche es

luz veo brillar, la luna grande está

mis pupilas dilatadas quedarán

para no perderte, tal vez,

entre estrechas callejuelas de muchedumbre llenas,,

habitadas por tus sexis compañeras

ataviadas solo de negro satén , ligeros y corsé.

Una delicada y nívea Geisha abre su puerta,

pasas tú y yo detrás.

Cerrais con llave,

las dos venis hacía mí,

me cogeis fuertemente y con maestria me atais con una cuerda.

Miedo no, perosí pudor,

Feroz se quedó atrás,

ahora Sumiso acepto,

placer o dolor espero

y sonrisas picaruelas

finalmente veo.

 

 

 

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