En la cueva te seguiré esperando.

En la fresca cueva de la satisfacción de la escritura y la lectura resguardo de la calor estás y estoy.

Amigo escriba, me gusta escuchar el susurro de las preciosas metáforas que pones a las silvestres amapolas.

Embriagada de ese aroma, quizás sí o quizás no, no me olvides, y aunque sé que no, pues cuando cojas tu pluma o pincel  mirarás al lienzo y como si fuera una nube colores de reflejos de recuerdos ahí estaremos los dos.

Abrazos a todas y a todos de parte de María y de Fran.

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Mi siesta.

¿Qué percibo?

Sintiendo estoy

mi corazón late

me gusta que sepas el por qué,

si es por calma, por fervor, por amor, por dolor o por frustración.

Mi corazón es como el mar protegido de la turquesa y tranquila cala Mitjana y mitjaneta,

también tengo la adrenalina libre de playas de Canarias,

llenas de particulares y libres contrastes,

vientos libres,

de almas sinceras y libres

de abiertas almas.

Mi alma necesita esas almas

un instante de calma

de aliento.

Sentir y oír el cariñoso ronroneo de mi Persa

y del territorial pavo Real.

Mi susurro

mis aterciopeladas caricias

mi cálida sonrisa te regalo,

mi pote de compañía que te relames cada día.

Vamos todos a la sombra de éste jardín recién regado,

y disfrutemos de la siesta.

 

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Ayúdame amiga poesía. ¿Por qué mi alma tiene melancolía?

¿Acaso ésto es real?

No quiero abrir los ojos, sólo quiero estar con mi amiga la luna grande.

No quiero ni ver ni mirar, ni escuchar lo que no me gusta de la triste realidad.

No quiero oler a podredumbre.

No quiero dejarme la linfa para ser escuchada.

No quiero tampoco vivir en una burbuja de oxígeno artificial por ser distinta a los demás. Sí quiero soltar mi trenza albina, dejar mi pelo suelto, que lo mueva el viento, con libertad, sin que moleste a mi amiga golondrina, que me visita todos los días.

Que no quiero ver el amanecer ni en Madrid ni en Estambul.

Lo único que quiero es ver la tierra plana; que se abriera de par en par, que se ventilara, ver sonrisas, oler a jazmín, escuchar el trinar de los pajarillos, sudar cogiendo un tomate de verano y luego refrescarme con su dulce acidez, respirar a poda recién cortada a verde césped, muy verde.

Y despertad rodeada de libro de poesías, leerlas y poned en práctica lo que D. Quijote o más bien Sancho panza le aconsejaba.

(Faltan diez días para mi cumpleaños. Lo vamos a celebrar por todo lo alto.)

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